La resaca de Glazz.

En la frontera entre el viernes 16 y el sábado 17 de Julio, tras una hora de espera tal y como mandan los cánones, se plantaron los portuenses sobre el escenario de la Sala Supersonic para defender con uñas y notas el formato “en vivo” de su primer – y, como no, mejor – disco, al que le han puesto el mismo nombre que al padre: Glazz. Por Félix Gª Ortiz de Galisteo.
El centenar de oidos (con su medio centenar de cuerpos) que asistimos a la cita, ibamos en busca de la confirmación del trio como profetas en su tierra, ahora que no paran de recibir halagos en forma de crítica musical desde diversos puntos del planeta. Nos suele pasar que nos fijamos más en nuestra ciudad cuando la fotografían extranjeros.
Y dio comienzo el recital, ese que se saben de “re” a “tal” y en el que no cabe lugar mucha improvisación porque todo lo copa el virtuosismo.
Virtuosisimo en la batería Pearl y Javi Ruibal, el percusionista que la regenta con mucho groove ; más de lo mismo pero en el campo de las cuatro cuerdas por parte de Dani Escortell, algo más que una base rítmica, uno de esos sonidos graves que se cuelan por el estómago y son capaces de controlar el ritmo de los sístoles y diástoles a su gusto. Y por último, virtuosismo en la guitarra de José Recacha, que a falta de los instrumentos que les acompañaron en la grabación del CD, carga con gran parte del peso de los temas usando un sonido basado a groso modo en distorsiones delay, wah-wah, octavizadores y solos cercanos al Blues y al Jazz.

Glazz en acción.
El conjunto de los tres elementos de lugar, aunque casi sobre ya decirlo, a un sonido muy peculiar al que muchos han querido ponerle etiquetas y en la mayoría de los casos han errado. Y es que es complicado asignar un nombre a algo que a veces suena a Muse con palmas, otras a Triana si De la Rosa fuese de Chicago y ,las que más (y eso es lo que desconcierta a los críticos), a tres gaditanos que sumando sus edades no llegan a la de un Stone y tienen funky y rock por las venas.Poseén el don de cambiar varias veces de intensidad dentro de la misma canción creando luces y sombras, contratiempos que te mantienen vivo, y de eso es de lo que va el juego.
Este derroche de talento también tiene su parte no tan positiva, y es que da como resultado un concierto de música para sibaritas de esta.Un espectáculo para conocedores de los instrumentos que pueden valorar el saber hacer de los músicos durante dos horas sin sentir el cansancio que algunos de los espectadores que no forman parte del gremio pudieron sentir. Y es que el repertorio está pensado para los acérrimos que esperan con ansia todas sus canciones, mientras que oido desde la objetividad que te da el desconocimiento, sufre un bajón de intensidad después de la primera mitad del concierto; y ya saben que en esto de la música el orden de los factores si altera el producto.
Al final, los bises, y con ellos llegó “Stressreo” (una verdadera obra para el estudio de la guitarra) y un adelanto de su nuevo trabajo, con el que dejarán el ajetreo de la ciudad y se escaparan de tour con el circo.Aplausos, vítores y hasta la próxima.
Como ven, la resaca de Glazz es de las que puede durar dos días y finalmente deja buen sabor de boca. Ya se merecen dejar de ser “el grupo del hijo de…”, romper con la métafora de la cocina, que no se les cuestione más por la falta de vocalista y que entren por su calidad en todas las discotecas de los amantes de la música.
























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ole